Opinión: ¿Qué hacer con los bingos y casinos?
04/08/2011
Walter Castro SalernoEstas amenazas de clausura, por parte del Gobierno nacional, que se ciernen con determinada frecuencia sobre bingos y casinos aquí en la isla de Margarita, y como quiera que los seres humanos, o algunos entre ellos, propenderán, en todo tiempo y lugar, a satisfacer sus vicios y apetitos, trae a mi memoria una anécdota familiar. Andábamos cierta vez, mi hermano y yo, junto a nuestro padre, por una de esas calurosas pistas llaneras que conducían a La Pascua, Zaraza o Calabozo, y tropezamos con una gran taguara, que llevaba el simpático nombre de: “El Rey del Colesterol”.
Allí sobre troncos de leña, en enormes calderos saltaban en hirviente manteca, trozos de cochino para el relleno de arepas que servían a los comensales que se apiñaban, sudorosos y hambrientos para el disfrute del grasiento condumio. Conociendo, aun cuando fuese muy poco, los riesgos para el corazón de una ingesta tan exagerada de grasa, no dejé de comentar que el dueño de un negocio que llevase semejante nombre se exponía a no tener demasiada clientela. Pero no era así. Bullía, como dije, de gente la taguara. Papá nos regaló, ese caliente mediodía llanero, dos claves para entender. Sonriente y con mucha picardía nos explicó: “Hijos, primero, la gente viene aquí porque le gusta, así le haga daño a su salud, y el dueño ya se lo está advirtiendo a todo el mundo, con ese anuncio. Y segundo, den por seguro que debe tener dos o tres hermanos: un médico, un boticario y el dueño de la funeraria”. Así es. Por mucho que le prohíban algo a alguien, no dejará de hacerlo. Abiertamente, o a escondidas.
Ya lo decía una alegre dama de la corte papal en Aviñón: “Qué helado tan delicioso, que lástima que no sea pecado”. Prohibir los casinos y bingos en Margarita, además de dejar sin empleo y lanzar a la calle a centenares de trabajadores de esos establecimientos, los cuales funcionan legalmente, y suponen por tanto una fuente de ingresos al Fisco Nacional, es también decretar prácticamente puentes aéreos masivos entre Venezuela, Santo Domingo, Curazao y Aruba. Allí deben estar los comerciantes y hoteleros, frotándose las manos, regocijados por el regalo que supuestamente le estaría brindado el Gobierno venezolano. Otra consecuencia nefasta será la proliferación de casinuchos, timbas y mabiles clandestinos por toda la Isla. Propiciándose así también de ese modo la generación de sucios negociados, matraca, robos, asaltos y secuestros con mayor frecuencia, tráfico de estupefacientes, prostitución.
Subirá aún más, lo cual ya es bastante, el índice de muertos y heridos cada fin de semana, en choques de las bandas de “pranes”. Deberían pasearse, los genios que nos gobiernan, por lo ocurrido en la tan denostada sociedad norteamericana en la década de los años ´20. En efecto, el primer día de 1920, un mandamiento legal prohibió la beodez e impuso la ley marcial de la sed: La XVIII° Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos de América prohibió la “fabricación, transporte y venta, importación y exportación de bebidas alcohólicas en todo el territorio de la Unión”. ¿Y qué pasó entonces? La “Volstead Act” fue amplia, rápida e impunemente violada. La “Prohibición” no hizo sino aumentar veloz y secretamente el consumo. ¿Qué hacer con bingos y casinos en Margarita? Pues bien, la Constitución Bolivariana tiene la respuesta. Existe la figura del “Referéndum” para tratar y resolver el problema mediante la consulta popular. ¿No convendría esperar las elecciones de diciembre de 2012 para someter esta materia al pueblo margariteño?
Fuente: El Sol de Margarita
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